Alimentación saludable en la niñez

Prevención

Alimentación saludable en la niñez

Es sabido que seguir una alimentación saludable es recomendada en todas las etapas de la vida pero, ¿qué pasa con los niños?

El primer año de vida es crucial para el desarrollo de un niño. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia exclusiva durante los 6 primeros meses de vida. Luego, con la incorporación de alimentos de manera progresiva -en las cantidades necesarias y ofreciendo variedad para prevenir enfermedades- se irán instalando hábitos alimentarios que nos acompañarán el resto de la vida.

¿Pero qué cambia en la alimentación cuando los niños son escolarizados, cosa que ocurre de manera cada vez más temprana debido a que las mamás debemos volver a trabajar?

A partir de los 2 o 3 años los niños van ganando autonomía y una de las cosas que empiezan a elegir es lo que les gusta comer. Colores, texturas, sabores diferentes son parte del juego y del aprendizaje.

Fomentar el encuentro familiar en el momento de la comida, que en general ocurre en la cena,  es nuestro desafío. Compartir y conversar. La manera en la que nos alimentamos. Los modales en relación con la comida. Los tiempos. Los niños tienden a imitar las conductas de los padres. Así que es importante predicar con el ejemplo.

Otra cosa que debemos evitar es demonizar los alimentos. No hay alimentos malos. Con los niños intentamos no prohibir, sino regular las cantidades y alimentos para ciertos momentos. Por ejemplo, los cumpleaños.

Es importantísimo ofrecer lácteos como leche, quesos y/o yogures. Es común que algunos niños dejen de tomar leche cuando dejan la mamadera. El yogurt es una buena opción para su reemplazo. Si se ofrece leche con cacao no es necesario el agregado de azúcar. Existen en el mercado marcas que ofrecen en su composición menor contenido de la misma.

Los lácteos ofrecen el calcio a los huesos en pleno desarrollo. Las versiones descremadas ofrecen la misma cantidad de calcio y pueden ser consumidos por niños mayores de 2 años.

Las carnes, tanto rojas como blancas, en porciones pequeñas deberían estar presentes en las dos comidas principales. Pero, ¿qué pasa si el niño come en el colegio? El menú escolar es algo que no aconsejo cambiar sino adecuar la cena a lo que comió en el almuerzo, a fin de no repetir.

Es importante ofrecer frutas y verduras de estación. Variar las formas de preparación si existe rechazo. Muchas veces -dependiendo la edad- son más aceptadas las verduras cocidas o en preparaciones como canelones, tortillas y tartas por el tema de la masticación.

Las frutas pueden ser utilizadas como postre o colación. También en forma de jugos naturales.

¿Qué pasa con los hidratos de carbono? A los chicos les encantan las pastas, los fideos, la pizza, etc. Con esto tenemos que regular la cantidad y la frecuencia semanal. ¡No prohibir!

También existe la posibilidad de ofrecer las variantes integrales o con salvado para panes, tostadas, arroz o fideos.

¿Y las galletitas…? ¡Son una adicción! Especialmente las rellenas y con chocolate. Para controlar la cantidad lo que sugiero es comprar los paquetes más pequeños. Una alternativa es ofrecer en un contenedor la cantidad necesaria para un desayuno o colación. Nunca se debe enviar el paquete entero. Es importante negociar días para colaciones saludables con frutas, cereales y otros alimentos.

En cuanto a las bebidas hay que ofrecerles agua antes que nada y moderar la cantidad de jugos en polvo, inclusive los denominados light.

Los niños entran al mundo mágico de las gaseosas en los cumpleaños (si logramos en casa hacer de cuenta de que no existen). No las vamos a poder eliminar pero sí dejarlas sólo para esos momentos.

Y lo más relevante: fomentar el movimiento. Los chicos tienden cada vez más a preferir las pantallas a salir a jugar a la plaza. Caminar, bailar, andar en triciclo, bici o monopatín. Saltar a la soga, jugar a la mancha y ya, más grande, algún deporte recreativo. Lo que sea para sumar actividad física.

La OMS recomienda para niños de 5 a 17 años, 60 minutos de actividad física de nivel  moderado a vigoroso. La actividad física por un tiempo superior a los 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud de nuestros niños.

Por último: tener siempre presente la visita al pediatra. Al menos un control anual dependiendo la edad, para el chequeo, entre otras cosas, de las curvas de crecimiento (percentilos de peso y talla para la edad).

LA NOTA ES DE AUTORÍA DE LA LIC. LORENA ZRYCKI, INTEGRANTE DEL SERVICIO DE NUTRICIÓN DEL SANATORIO MÉNDEZ.